Conjunto de tres obras escénicas para público adulto:
1ª obra: UKHUPACHA (Duración: 60 minutos)
2ª obra: MORALES (Duración: 130 minutos -ideal repetirla 3 veces*)
3ª obra: HEJAREI (Duración: 50 minutos)
Concepto, Texto, Dirección y Puesta en Escena: Diego Aramburo
Producción: Kiknteatr © 2015
En total se requiere de un equipo de seis personas para mover las tres obras en uno, pero también se puede mover las obras separadamente* Sala a la italiana de formato medio a grande (pueden ser dos salas)
*Revisar respectivos Dossiers

 

SOBRE LA TRILOGÍA
Las distintas culturas que habitan este territorio subdividen, casi todas, la existencia en tres planos: arriba lo etéreo, que podríamos asociar a lo apolíneo de occidente (Janajpacha, en lengua de los Incas); el terrenal (Kaipacha, el mundo “de aquí”); y abajo la oscuridad y lo denso, el “reino invertido”, lo dionisíaco de alguna forma (Ukhupacha).
Siendo tan complejo aludir a lo que se denomina “Bolivia”, e inspirados en esa idea, no planteamos una obra para transmitir algo de los sentires de este Estado, sino una “TRILOGÍA BOLIVIANA”, en la que cada una de las tres distintas piezas escénicas que la componen dejan entrever algo de los tres particulares “macrocosmos” más presentes en este país.
El plano de “arriba” es representado por “HEJAREI”. Basada en hechos y estrategias de las mujeres de la cultura Guaraní (presente en el oriente boliviano), esta pieza propone un hecho enmarcable en la danza contemporánea, protagonizado por doce a veinticuatro mujeres (tres de nuestro equipo y el resto invitadas locales), que habla del femenino ceder o “dejar ir” -hejarei, en guaraní (opuesto al “conquistar” masculino), como lógica más natural y arma más poderosa para avanzar.
Lo “terrenal” está trabajado en “MORALES”, obra que se podría asociar al “teatro documental” y presenta un devenir urbano-boliviano. En su relato, casi cinematográfico, tres historias de personas muy distintas, pero que se verán reflejadas entre sí, se entrelazan gracias a una cuarta presencia -quizás más ‘telúrica’. Vemos la paradoja de un Estado declarado plurinación, pero en el que reina la dificultad de acceder y aceptar al otro, un Estado percibido “pobre”, pero abundante hasta el exceso.
Finalmente, “UKHUPACHA” (tierra interior, en quechua). Especie de sarcástico ‘cabaret bizarro’ que rompe con las anteriores piezas gracias al humor negro y árido de las cultura aymara para presentar una trama irreverente sobre mitología andina, donde la lógica de la “resistencia”, va de la mano con un ayni (reciprocidad), aún no logrado -incompletitud característica del concepto de ese mundo “inferior”, lleno de mutilaciones y donde la muerte es el mejor entorno para la fertilidad.
Así, esta “TRILOGÍA BOLIVIANA” responde a una percepción más cruda y contemporánea, menos romántica, de este entorno, pues luego que la información sobre Bolivia fuera casi nula, y ahora que saltamos a la palestra casi sólo para afirmar la vieja postal a la que se nos reduce, toca aludir a estas realidades sin pretensión de “verdad”, pero sin condescendencia tampoco. Sólo sin obligación alguna con la especificidad localista, quizás se pinte individualidades que resulten “bolivianas” justamente por su inespecificidad -y así sean, seguramente, universales.
Pensando de este modo, se escogió ciertos conceptos que atraviesan las distintas “bolivianidades”, como el exceso, la discriminación y el machismo, de la mano de la generosidad y una ingenuidad no carente de agudeza. Estos ‘ejes’ se vierten en un dispositivo que refiere, precisamente, a cuán filtrada y distorsionada está la percepción de este país, excesivo en sus fiestas, en su tesón para trabajar, en virtudes y defectos; abundante hasta de personalidad(es) –lo que deja intuir la esquizofrenia y delirium tremens de sus culturas, todas alcohólicas.
Bolivia no es un país carente sino uno áltamente deseante. Y ese deseo es abundancia y poder. Bien decían Guattari y Deleuze: “creemos en el deseo como en lo irracional de todo racional, y no porque sea carencia, sed o aspiración, sino porque es producción de deseo y deseo que produce, real-deseo, real en sí mismo.” El espacio del deseo es fortaleza, no fragilidad. “Si el deseo es reprimido se debe a que toda posición de deseo, por pequeña que sea, tiene motivos para poner en cuestión el orden establecido de una sociedad: y no es que el deseo sea asocial sino todo lo contrario. El deseo es en su esencia revolucionario”, decían. Y menciono nombres del pensamiento occidental, pero es apenas para explicar mis fuentes andinas, donde lo rizomático y lo fractal fue visto antes de la llegada de los españoles (y así lo muestra su arte).
Esta Trilogía es una reflexión (en sentido reflexivo y reflectivo), explícitamente subjetiva pues, para aprehender algo de este territorio, creo que hay que acudir a la desterritorialización y descodificación de lo que muchas veces es incomprensible para nosotros, propios bolivianos. Son tres unidades distintas con relatos/discurso y formas diversas en las que ficción y realidad conviven y hacen así una especie de “resistencia moral” (como diría Barthes), a lo ‘emblemático’, para reflejar (infiel- mente, como buen espejo), fragmentos de devenires de estas culturas.

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